Tuvo lugar un escándalo
lamentable –no por parte de la clown,
sino de gran parte del público.
Ayer, día 12 de
septiembre de 2012, fui por primera vez al MimSueca. Allí vi cómo la ‘clown’
suiza, Gardi Hutter, lo inauguraba con una conferencia que se convirtió en un ‘workshop’ y un show dos horas más tarde de su trabajo más reciente.
Hutter dio la
conferencia en alemán y algo de italiano, pero como algún oráculo
súper-inteligente de la organización vaticinó, a la “clase magistral” (si se
les hubiese ocurrido algún título que sonase aun más interesante e intelectual,
lo hubiesen utilizado, pero eso fue lo mejor que se les ocurrió) no acudirían
solamente italianos y alemanes, así que tuvieron la magnífica idea de contratar
a una intérprete (lo mejor de la noche, por cierto) a la que le dijeron que lo
tradujese simultáneamente al… VALENCIANO (y que no fuese catalán, como algún
bobo del público se encargó de berrear).
Al observar que
la conferencia iba a ser traducida únicamente al valenciano/catalán (sí, son
básicamente lo mismo, con aun menos diferencias en cuanto a acento y términos
de las que pueden haber entre un madrileño y un sevillano, por mucho que se
empeñen algunos valencianos –muchos de los cuales ni siquiera lo saben hablar-),
una mujer del público interrumpió la conferencia brevemente, diciendo:
“Perdona, es que
hemos venido desde muy lejos y no entendemos el valenciano, ¿le importaría
traducirlo al castellano, por favor?”
Sinceramente, en
el momento me pareció un poco mal el hecho de que interrumpiese la conferencia.
Pero después de reflexionar durante menos de 1 minuto, la entendí. Recuerdo,
como he puesto en el título del artículo, que estábamos en el Festival (o
Muestra) INTERNACIONAL de Mimo –por lo menos, eso lo llamaron- de Sueca. Cuando
la intérprete accedió amablemente a traducirlo al castellano, gran parte de la
gente del público (las cuatro abuelas y sus maridos calzonazos, que hoy no se
pudieron ir de putas, y quizá algún centenar más de tozudos egoístas y bobos)
estalló en un escándalo vergonzoso de berreos y gruñidos en contra de la
intérprete y del hecho de que lo estaba traduciendo al castellano y no al
valenciano. La linda intérprete, obviamente incómoda, se sonrojó y empezó a
traducirlo al valenciano/catalán de nuevo. La mujer que no entendía el valenciano
–que por otra parte estoy segurísimo de que no sería la única en tal situación-
insistió amablemente, tras lo cual la jauría comenzó a ladrar de nuevo,
orgullosa. A la miembro de la jauría –no quiero llamarla perra- que más se oía
entre la multitud le pude descifrar el mensaje que trataba de comunicarnos:
“Un poc de
respecte, ah! Un poc de respecte!”
Pedía respeto para los valencianos (comparable a un político en el Palacio de Congresos chillando: '¡Un poquito de orden, eh! ¡un poco de orden!' durante el discurso del líder político del partido contrario mientras salta de fila en fila de mesas rompiendo todo lo que se le pone por delante); según ella, estábamos en Valencia y aquí se hablaba
valenciano; y si alguien no lo entiende, ya se apañará. Pues bien, si es así la
cosa, que no aparezca la palabra “internacional” en el título del festival,
porque sería –¿fue?- una gran estupidez.
Si yo fuese ella,
además de callarme si lo traducen al castellano en lugar de al valenciano,
daría las gracias de que no lo traducen al inglés.
Así estamos en Valencia,
y así me arrepentí yo momentáneamente. Hablo valenciano/catalán desde que
pronuncié mi primera palabra, ya que esa es mi lengua materna (¡y paterna, qué
caramba!), pero si hay más o menos un 70% del público en la sala que entiende
el valenciano, mientras que el 100% -¡TODOS!- lo hubiesen entendido en
castellano… ¿por qué hacer el gilipollas?
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