Ay, la vida...
jueves, 13 de septiembre de 2012
Inauguración del Festival ‘Mostra "Internacional" de mim a Sueca’ – Me avergoncé de ser valenciano.
domingo, 12 de diciembre de 2010
miércoles, 3 de noviembre de 2010
¿Por qué pensamos en la muerte?
martes, 2 de noviembre de 2010
Carta al director
Dirigida a: Señor ******, Director del colegio Dallam School (nunca fue enviada en realidad, solo es un texto inventado por mí y totalmente inofensivo).
Señor director, le escribo esta carta con el objetivo de que reflexione un poco más sobre esa norma que a usted (o a cualquier otro miembro del grupo de profesores y trabajadores del colegio) se le ha ocurrido implantar en éstas nuestras instalaciones educativas.
Me parece bien que se nos prohíba comer durante las clases o incluso dentro de cualquier sala del colegio en la que, aunque no haya nadie dando ninguna lección, estaría mal hacerlo (ya que en consecuencia, podríamos ensuciar el ambiente de estudio con la comida en sí o también con su olor, que algunas veces –por muy buena que esté- puede resultar desagradable).
Pero a lo que yo me refiero y lo que me parece excesivo, es prohibir comer fuera de los edificios de la escuela, en la calle, en lo que comúnmente en España llamamos “patio”. Sé que entonces aun nos encontraríamos dentro de la propiedad de esta institución educativa que llamaron Dallam, pero, por el amor de Dios, que es la calle, que lo peor que puede ocurrir es que estemos comiendo un sándwich de pollo, lechuga y tomate, y se nos caiga al suelo un trozo del primero (el pollo), envuelto en una hoja de lechuga para que, más tarde, un pájaro vegetariano se lo coma todo, ignorando lo que hay en el interior de esta fina capa de lechuga. Admito que no tengo ni idea del número de pájaros vegetarianos que vuelan por Milnthorpe, ni me importa.
Pero bueno, lo que yo querría que hiciese usted por mí, es quitar esa norma algo ilógica y carente de motivos, porque algunos días hay en los que nosotros sus alumnos, tenemos reuniones y charlas con los profesores, por lo que no podemos comer durante el periodo de tiempo en el que el comedor está abierto. Probablemente solo nos queden 5 minutos para comer, los cuales no son suficientes para irnos fuera del colegio, comer, y volver. Entonces tenemos dos opciones: la primera, no comer; y la segunda, comer y sobrevivir.
Gracias, Jaime Monfort Miralles.
P.D. Si lo que realmente le preocupa es el tema de los pájaros vegetarianos, no haga caso a esta carta y, lo siento.
viernes, 24 de septiembre de 2010
El dolor de garganta es una mierda comparado con las verdaderas desgracias que ocurren en el mundo, ¡pero no vean cómo duele!
miércoles, 15 de septiembre de 2010
15/09/10 ... El comienzo de un nuevo año ya está acabando.
sábado, 5 de junio de 2010
05/06/2010
ESO NO SE HACE
Leí en un periódico que por encima de nosotros vuelan satélites. No se ven a simple vista, ni tampoco con prismáticos, ya que vuelan en el cosmos. Pero ellos nos ven a nosotros. Y como si eso fuera poco, fotografían todo lo que hay en la Tierra, y con tanta precisión, que cualquier cosa que no mida menos de medio metro de largo o de ancho sale en la foto con la misma exactitud que si nos la hubiese hecho un primo durante una fiesta de cumpleaños o una boda.
"No hay motivo para preocuparse -pensé-. Mi cara tiene menos de medio metro."
No obstante, empecé a estudiar el asunto. La cara se me puede hinchar a causa de un dolor de muelas o -Dios no lo quiera- porque alguien me la rompa, y entonces saldré en la foto.
Sin embargo, de momento la dentadura no me causaba problemas y nadie se animaba tampoco a pegarme. Pero mi alegría duró poco, pues una mañana, al abrir el periódico, me enteré de que habían perfeccionado los satélites y que ahora ya fotografiaban incluso aquello que medía menos de medio metro y más de treinta centímetros.
"Qué le vamos a hacer -pensé-. Tendré que afeitarme al menos una vez a la semana. Hay cierto riesgo de que en la foto salga horrible."
No me gusta afeitarme, pero tengo mi pundonor, así que empecé a hacerlo una o incluso dos veces a la semana, sobre todo antes de salir de casa.
Pero la prensa no tardó en anunciar que la técnica había dado un paso más y que ya lo fotografiaban todo, independientemente del tamaño. Para estar a la altura de la técnica tuve que afeitarme cada día y comprarme una corbata nueva, lo cual supuso un gasto imprevisto. También me limpiaba los zapatos y, en fin, me veía obligado a ofrecer cada día el aspecto que antes sólo tenía los domingos. Sólo las cuchillas de afeitar y el betún me costaban siete veces más que antes de la era de la técnica.
Cuando presenté mi solicitud de jubilación, me hicieron adjuntar una foto. Pensé: "¿Por qué he de ir a un fotógrafo y gastarme una pasta, si tienen cantidad de fotos mías?" Así que escribí a las Naciones Unidas para que me enviaran una. Creo que me deben al menos una, ¿no?
Pero no hubo respuesta. Esperé, esperé, y nada. Mientras tanto se me acababa el plazo para presentar la solicitud y entonces no me iban a dar la jubilación.
Fui a un fotógrafo, me hizo una foto, le pagué de mi propio bolsillo y presenté la solicitud. Después subí a un tranvía y fui hasta la última parada. Desde allí caminé un buen trecho, hasta que me encontré en medio del campo. Miré a mi alrededor, no había ni un alma, sólo unas vacas, pero estaban lejos. Me bajé los pantalones y saqué el culo en dirección al cielo.
Que sepan lo que pienso de ellos.