jueves, 13 de septiembre de 2012

Inauguración del Festival ‘Mostra "Internacional" de mim a Sueca’ – Me avergoncé de ser valenciano.


Tuvo lugar un escándalo lamentable –no por parte de la clown, sino de gran parte del público.

Ayer, día 12 de septiembre de 2012, fui por primera vez al MimSueca. Allí vi cómo la ‘clown’ suiza, Gardi Hutter, lo inauguraba con una conferencia que se convirtió en un ‘workshop’ y un show dos horas más tarde de su trabajo más reciente.

Hutter dio la conferencia en alemán y algo de italiano, pero como algún oráculo súper-inteligente de la organización vaticinó, a la “clase magistral” (si se les hubiese ocurrido algún título que sonase aun más interesante e intelectual, lo hubiesen utilizado, pero eso fue lo mejor que se les ocurrió) no acudirían solamente italianos y alemanes, así que tuvieron la magnífica idea de contratar a una intérprete (lo mejor de la noche, por cierto) a la que le dijeron que lo tradujese simultáneamente al… VALENCIANO (y que no fuese catalán, como algún bobo del público se encargó de berrear).

Al observar que la conferencia iba a ser traducida únicamente al valenciano/catalán (sí, son básicamente lo mismo, con aun menos diferencias en cuanto a acento y términos de las que pueden haber entre un madrileño y un sevillano, por mucho que se empeñen algunos valencianos –muchos de los cuales ni siquiera lo saben hablar-), una mujer del público interrumpió la conferencia brevemente, diciendo:

“Perdona, es que hemos venido desde muy lejos y no entendemos el valenciano, ¿le importaría traducirlo al castellano, por favor?”

Sinceramente, en el momento me pareció un poco mal el hecho de que interrumpiese la conferencia. Pero después de reflexionar durante menos de 1 minuto, la entendí. Recuerdo, como he puesto en el título del artículo, que estábamos en el Festival (o Muestra) INTERNACIONAL de Mimo –por lo menos, eso lo llamaron- de Sueca. Cuando la intérprete accedió amablemente a traducirlo al castellano, gran parte de la gente del público (las cuatro abuelas y sus maridos calzonazos, que hoy no se pudieron ir de putas, y quizá algún centenar más de tozudos egoístas y bobos) estalló en un escándalo vergonzoso de berreos y gruñidos en contra de la intérprete y del hecho de que lo estaba traduciendo al castellano y no al valenciano. La linda intérprete, obviamente incómoda, se sonrojó y empezó a traducirlo al valenciano/catalán de nuevo. La mujer que no entendía el valenciano –que por otra parte estoy segurísimo de que no sería la única en tal situación- insistió amablemente, tras lo cual la jauría comenzó a ladrar de nuevo, orgullosa. A la miembro de la jauría –no quiero llamarla perra- que más se oía entre la multitud le pude descifrar el mensaje que trataba de comunicarnos:

“Un poc de respecte, ah! Un poc de respecte!”

Pedía respeto para los valencianos (comparable a un político en el Palacio de Congresos chillando: '¡Un poquito de orden, eh! ¡un poco de orden!' durante el discurso del líder político del partido contrario mientras salta de fila en fila de mesas rompiendo todo lo que se le pone por delante); según ella, estábamos en Valencia y aquí se hablaba valenciano; y si alguien no lo entiende, ya se apañará. Pues bien, si es así la cosa, que no aparezca la palabra “internacional” en el título del festival, porque sería –¿fue?- una gran estupidez.

Si yo fuese ella, además de callarme si lo traducen al castellano en lugar de al valenciano, daría las gracias de que no lo traducen al inglés.

Así estamos en Valencia, y así me arrepentí yo momentáneamente. Hablo valenciano/catalán desde que pronuncié mi primera palabra, ya que esa es mi lengua materna (¡y paterna, qué caramba!), pero si hay más o menos un 70% del público en la sala que entiende el valenciano, mientras que el 100% -¡TODOS!- lo hubiesen entendido en castellano… ¿por qué hacer el gilipollas?

domingo, 12 de diciembre de 2010

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

¿Por qué pensamos en la muerte?

No me gustan nada esos momentos en los que nuestra mente humana decide empezar a hacernos pensar en la muerte, en qué hay después de ella y en cuál es el sentido de la vida. Ayer por la noche fue uno de esos momentos.

Después de leerme la última escena del teatro que vamos a representar antes de estas vacaciones que tendremos nosotros los estudiantes con la excusa de que hace 2011 años nació un tal Jesús (según algunos) en Belén, ese sitio en el que la gente ignorante y en busca de debate intrascendente se inventa que no nieva, ofendiendo a base de leves insultos molestos a esta gente que pone, como debe hacerse si se quiere representar "el nacimiento de Jesús" adecuadamente, algo que represente la nieve en esa maqueta "realista"(bien hecho, "practicantes", lo ignoráis y no os importa, mas habéis hecho lo correcto y, sí, además, la nieve hace bonito), me vino a la cabeza la muerte.

No voy a reflexionar sobre la muerte ni el sentido de la vida porque duele. Pensad en ello vosotros mismos y sacad vuestras propias conclusiones para quedaros tranquilos con vosotros mismos. Sin embargo, recordad que cuando muramos, según los científicos, no sabremos que hemos muerto, es decir, que si creen en la ciencia en general, la misma que os permite leer esto en un blog ahora mismo, la muerte no os debería preocupar lo más mínimo. Aunque si de lo contrario cree usted en Dios y en todas estas historias que se recogen en La Biblia, entonces, a nos ser que haya pecado sin confesarse, debería incluso estar impaciente por morir, ya que le espera el cielo.

El problema, las dudas y las preguntas teóricamente infinitas ocurren si usted se forma su propia opinión sobre la muerte y el sentido de la vida. Empezará a rascarse el coco, a sentir cierto vacío en el estómago (que también puede tratarse de gases, cosa que no tiene difícil solución, a no ser que crea usted en Dios y acabe de escuchar a su sacerdote lanzar la orden: "Oremos", ya que entonces el silencio es necesario; recuerde que quien nació entre una burra y un buey le está mirando ahora mismo desde una cruz a la que está, literalmente: clavado), cierto aumento de velocidad en la proceso de respiración y la aparición de un gran número de imágenes en su cabeza, tan grande que no podrá usted ni siquiera concentrarse en una...

Pero bueno, no pasa nada. La vida sigue de todos modos, sigue desarrollándose o sigue acabándose, eso será así piense lo que piense, aunque todo en este mundo tiene solución. Estas preguntas, dudas... teóricamente infinitas pueden cesar inmediatamente porque, en la práctica, todo es diferente, y es que siempre puede encender la televisión y ver el partido.

La vida sigue y se puede disfrutar muchísimo.

Ahora, YO voy a seguir viendo el partido...


martes, 2 de noviembre de 2010

Carta al director

Dirigida a: Señor ******, Director del colegio Dallam School (nunca fue enviada en realidad, solo es un texto inventado por mí y totalmente inofensivo).

Señor director, le escribo esta carta con el objetivo de que reflexione un poco más sobre esa norma que a usted (o a cualquier otro miembro del grupo de profesores y trabajadores del colegio) se le ha ocurrido implantar en éstas nuestras instalaciones educativas.

Me parece bien que se nos prohíba comer durante las clases o incluso dentro de cualquier sala del colegio en la que, aunque no haya nadie dando ninguna lección, estaría mal hacerlo (ya que en consecuencia, podríamos ensuciar el ambiente de estudio con la comida en sí o también con su olor, que algunas veces –por muy buena que esté- puede resultar desagradable).

Pero a lo que yo me refiero y lo que me parece excesivo, es prohibir comer fuera de los edificios de la escuela, en la calle, en lo que comúnmente en España llamamos “patio”. Sé que entonces aun nos encontraríamos dentro de la propiedad de esta institución educativa que llamaron Dallam, pero, por el amor de Dios, que es la calle, que lo peor que puede ocurrir es que estemos comiendo un sándwich de pollo, lechuga y tomate, y se nos caiga al suelo un trozo del primero (el pollo), envuelto en una hoja de lechuga para que, más tarde, un pájaro vegetariano se lo coma todo, ignorando lo que hay en el interior de esta fina capa de lechuga. Admito que no tengo ni idea del número de pájaros vegetarianos que vuelan por Milnthorpe, ni me importa.

Pero bueno, lo que yo querría que hiciese usted por mí, es quitar esa norma algo ilógica y carente de motivos, porque algunos días hay en los que nosotros sus alumnos, tenemos reuniones y charlas con los profesores, por lo que no podemos comer durante el periodo de tiempo en el que el comedor está abierto. Probablemente solo nos queden 5 minutos para comer, los cuales no son suficientes para irnos fuera del colegio, comer, y volver. Entonces tenemos dos opciones: la primera, no comer; y la segunda, comer y sobrevivir.

Gracias, Jaime Monfort Miralles.

P.D. Si lo que realmente le preocupa es el tema de los pájaros vegetarianos, no haga caso a esta carta y, lo siento.

viernes, 24 de septiembre de 2010

El dolor de garganta es una mierda comparado con las verdaderas desgracias que ocurren en el mundo, ¡pero no vean cómo duele!

Durante la última semana, a parte de mi dolor de garganta, en el mundo han ocurrido más de 100.000 desgracias. Aunque, mientras yo estoy aquí sentado en mi silla de ruedas (una de esas sillas de oficina o escritorio con las que tanto se divierten los bobos dando continuos giros de 360º con el objetivo de marearse, apoyando los pies en el suelo y ejerciendo esa indispensable presión para realizar estas "vueltas de la diversión" -de estos bobos hay que burlarse, ¿verdad?, pues nosotros no somos tan estúpidos como para empezar a rotar sobre una silla hasta vomitar, sino que somos mucho más listos y le damos 30€ a la gorda de la taquilla de la entrada de Port Aventura para disfrutar de la presencia de unos cuantos millares de personas tan originales como nosotros y conseguir el objetivo que persiguen los bobos de las sillas rodantes, solo que a 20 metros de altura. No confundan este tipo de sillas de ruedas con las otras, las cuales, en la mayoría de los casos, las utilizan personas que no podrían divertirse de este modo, ya imaginan porqué-) inventándome el número de desgracias que han ocurrido en el mundo durante esta última semana, seguro que ya han ocurrido unas 100 más.

De todos modos, damas y cabal... ¡damas y damas! ¿Cuál es la noticia más leída a día de hoy en la página web británica de noticias más visitada del Reino Unido?

Facebook crash is 'worst in four years'


Sí. Millones de personas tuvieron la oportunidad ayer, durante 2 horas y media, de continuar disfrutando de sus vidas gracias a que esta red social se quedara colgada en medio mundo. Millones de profesoras quedaban impresionadas esta mañana al ver la extraña cantidad de estudiantes que habían hecho los deberes. Raramente antes de esta mañana había ocurrido en el mundo un número tan alto de ventas de relojes; cientos de personas asiduas en Facebook reaccionaron apuñalando o aplastando sus respectivos relojes a cuchilladas o contra el suelo por la simple razón de que no encontraban otra manera de matar el tiempo.

Pero bueno, como mi propósito al escribir esta corta entrada es informarles de algo que les interese muchísimo y que no les aburra, ya me doy por satisfecho.

¡Ah! Y el Barcelona ha aplastado al Real Madrid 89-55 y jugará la final de la supercopa de baloncesto contra el Valencia.

Pero, por si acaso pasa por este blog alguna persona con un cerebro de tal tamaño que no cupiese en una lata de atún, también fueron violadas, asesinadas, despedidas, enviadas a la guerra y maltratadas psicológicamente unas cuantas almas...

Sigan dando vueltas.

¡Cómo nos duele la garganta!

miércoles, 15 de septiembre de 2010

15/09/10 ... El comienzo de un nuevo año ya está acabando.

Damas y... damas, aquí un servidor contándoles su vida les dice que desde el domingo, 6 de septiembre, las escuelas inglesas llevan sus puertas abiertas a los estudiantes.

Desde el mismo día del mismo mes estoy yo en Inglaterra. Mi plan era llegar un día antes del día en que comenzaban las clases pero, debido a algún problema estúpido provocado por el fallo de cierto ser humano desconocido por mí y por el 99.99% de la población mundial (6.869.044.238, 22:10 horas), la salida de mi avión se retrasó una hora y media y tuve que llegar a Inglaterra a las 00:05 en lugar de a las 22:35. Además, como ya saben, en Inglaterra llevan la misma hora que en Canarias, como la radio bien os lo recuerda cada hora en punto, por lo que en realidad doy gracias al pensador (¿o debería agradecérselo a la humanidad entera?) que tuvo la magnífica idea de separar el mapamundi por meridianos que restan horas a los países a la izquierda de Greenwich y que suman a los de la derecha. Gracias a la inteligente reacción frente al amenazante problema que tal afán de colonización y hambre de mundo empezaban a plantear desde hace siglos, se separó el globo en líneas verticales que atraviesan los polos con el necesario objetivo de saber qué hora es, por ejemplo, en las antípodas, sin necesidad de viajar allí y obligar al de la boina a esforzarse por sacar su reloj de faltriquera y decirte: "It's half past ten, sir." Gracias esto y sabiendo la hora que es en tu país, con una simple suma o resta matemáticas se puede y podía la gente, hace siglos, saber la hora que es en cualquier parte del planeta y a cualquier hora (una hora menos en Canarias).

Debido a todo este lío de palabras que he intentado ordenar de cierto modo para que pudiesen entender lo que quiero decirles, yo pude dormir una hora más la madrugada del lunes. Llegué a casa de mi familia "host" a la una de la madrugada, pero Dios Meridiano me regaló una hora más de sueño por lo bien que me porté durante el viaje, sin violar a ninguna azafata ni robarle el bolso a una antipática abuela inglesa que daba asco (tuve la oportunidad y no lo hice, lo cual... ¿me convierte automáticamente en buen ciudadano?). Se lo robé a la abuela que no daba asco. A diferencia de lo que hubiera conseguido al quedarme con el bolso de la primera abuela, cometer el crimen con el de la segunda, actuando en contra de la que no daba asco, me dejó la conciencia mucho más tranquila, ya que no caí en la tentación de la antipatía de la asquerosa. Si hubiese robado el bolso a la primera de las abuelas, hubiese satisfecho el deseo de venganza moral más el de la "venganza material", mientras que robando el bolso a una abuela simpática solo satisfice uno de estos deseos pecaminosos. Por lo tanto actué bien. ¿Qué más podía hacer, no robar a ninguna de las dos? ¡Venga ya, no piensen tonterías!

Dormí hasta las 07:15 (hora inglesa, la misma hora en Canarias y una más en la península), lo cual suma, teniendo en cuenta que tardé una hora y cinco minutos en encontrar el pijama (de manga larga) de entre los más de 20 kilos de camisetas, pantalones, Conguitos y KitKats que me encontré dentro del regalo de cumpleaños de mi abuela (una Samsonite), cinco horas y diez minutos de placer, roto por el alarmante sonido de la alarma que alarma hasta al del arma (por ejemplo: James Bond).

¡ME CAGO EN EL DIOS MERIDIANO Y EN LA MADRE QUE PARIÓ AL PENSADOR! Ya podría haberme regalado tres horitas más de sueño en lugar de 60 míseros minutos...

Bueno, supongo que nunca debí robar ese bolso...

òòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòòò...

sábado, 5 de junio de 2010

05/06/2010

He de escribir este cuento de Sławomir Mrożek en mi blog, porque es buenísimo y además muy corto. Me veo obligado por el bien de la humanidad (o por el bien de mis dos seguidores)... Ahí va:

ESO NO SE HACE

Leí en un periódico que por encima de nosotros vuelan satélites. No se ven a simple vista, ni tampoco con prismáticos, ya que vuelan en el cosmos. Pero ellos nos ven a nosotros. Y como si eso fuera poco, fotografían todo lo que hay en la Tierra, y con tanta precisión, que cualquier cosa que no mida menos de medio metro de largo o de ancho sale en la foto con la misma exactitud que si nos la hubiese hecho un primo durante una fiesta de cumpleaños o una boda.

"No hay motivo para preocuparse -pensé-. Mi cara tiene menos de medio metro."

No obstante, empecé a estudiar el asunto. La cara se me puede hinchar a causa de un dolor de muelas o -Dios no lo quiera- porque alguien me la rompa, y entonces saldré en la foto.

Sin embargo, de momento la dentadura no me causaba problemas y nadie se animaba tampoco a pegarme. Pero mi alegría duró poco, pues una mañana, al abrir el periódico, me enteré de que habían perfeccionado los satélites y que ahora ya fotografiaban incluso aquello que medía menos de medio metro y más de treinta centímetros.

"Qué le vamos a hacer -pensé-. Tendré que afeitarme al menos una vez a la semana. Hay cierto riesgo de que en la foto salga horrible."

No me gusta afeitarme, pero tengo mi pundonor, así que empecé a hacerlo una o incluso dos veces a la semana, sobre todo antes de salir de casa.

Pero la prensa no tardó en anunciar que la técnica había dado un paso más y que ya lo fotografiaban todo, independientemente del tamaño. Para estar a la altura de la técnica tuve que afeitarme cada día y comprarme una corbata nueva, lo cual supuso un gasto imprevisto. También me limpiaba los zapatos y, en fin, me veía obligado a ofrecer cada día el aspecto que antes sólo tenía los domingos. Sólo las cuchillas de afeitar y el betún me costaban siete veces más que antes de la era de la técnica.

Cuando presenté mi solicitud de jubilación, me hicieron adjuntar una foto. Pensé: "¿Por qué he de ir a un fotógrafo y gastarme una pasta, si tienen cantidad de fotos mías?" Así que escribí a las Naciones Unidas para que me enviaran una. Creo que me deben al menos una, ¿no?

Pero no hubo respuesta. Esperé, esperé, y nada. Mientras tanto se me acababa el plazo para presentar la solicitud y entonces no me iban a dar la jubilación.

Fui a un fotógrafo, me hizo una foto, le pagué de mi propio bolsillo y presenté la solicitud. Después subí a un tranvía y fui hasta la última parada. Desde allí caminé un buen trecho, hasta que me encontré en medio del campo. Miré a mi alrededor, no había ni un alma, sólo unas vacas, pero estaban lejos. Me bajé los pantalones y saqué el culo en dirección al cielo.

Que sepan lo que pienso de ellos.